ENTREVISTA AL Dr. FEDERICO GUTIÉRREZ – LARRAYA

ES EL JEFE DE SERVICIO DE CARDIOLOGÍA PEDIÁTRICA DEL HOSPITAL LA PAZ DE MADRID

PRIMER PARTE

 “Hay una serie de condiciones de la madre o el feto que pueden predisponer a que el bebé tenga una cardiopatía congénita, sin embargo, la inmensa mayoría de las que diagnosticamos se da en situaciones en las que no existe ningún riesgo teórico”

Ocho de cada 1.000 bebés nacidos vivos padece una cardiopatía congénita, una lesión del corazón originada por una alteración de los genes, que afortunadamente en la actualidad ha mejorado su pronóstico gracias a los avances en los tratamientos, que han conseguido que alrededor del 90% de estos niños lleguen a la edad adulta. En la mayoría de los casos, el trastorno se detecta durante el embarazo –generalmente en vida de estos pacientes. El Dr. Federico Gutiérrez-Larraya, Jefe de Servicio de Cardiología Pediátrica del Hospital La Paz de Madrid, nos explica las características de este tipo de enfermedades y cuáles son las opciones de tratamiento.

Entiendo que la cardiopatía congénita es una lesión de nacimiento pero, ¿hay otras características que la diferencien de una cardiopatía adquirida?

Son dos mundos completamente diferentes. Las cardiopatías congénitas son aquella con las cuales se nace, y eso no necesariamente implica que se diagnostiquen en la etapa infantil; a veces se diagnostican en adultos, porque aunque se haya nacido con el trastorno, puede que no tenga unas características demasiado severas y haya dado la cara en la edad adulta. En el caso de las cardiopatías adquiridas se trata de enfermedades que se producen a consecuencia de los hábitos de vida y la influencia medioambiental, y no tienen una base genética, mientras que todas las cardiopatías congénitas tienen una base genética.

O sea que se producen a consecuencia de algún gen defectuoso…

El desarrollo de las cardiopatías congénitas se debe a un problema genético, pero esto es algo que ocurre en todas las enfermedades, salvo en las que se desarrollan a causa de hábitos de vida como sedentarismo, el tabaquismo, una dieta inadecuada, la exposición a tóxicos, el consumo de alcohol..., que a su vez tienen consecuencias negativas para la salud como obesidad o hipertensión, entre otras. Eso no significa que si tienes el gen anómalo vayas a padecer la enfermedad; es algo más complejo, pero lo mismo ocurre con los cánceres, que todos tienen una base genética y, sin embargo, alguien que fume no necesariamente tiene un cáncer de pulmón, ni tampoco tiene por qué padecerlo alguien con una predisposición genética, sino que tienen que darse ambas circunstancias o, como dicen los americanos, una doble patada, que significa que tienes que tener una predisposición con base genética y algún otro factor de riesgo que la desenmascara.

¿Se conocen factores de riesgo que contribuyan a la aparición de una cardiopatía congénita?

Sabemos que hay factores de riesgo, y si la embarazada es diabética, o ha estado expuesta a ciertos tóxicos, es derivada a nuestra consulta, pero las cardiopatías congénitas, como comentaba, se descubren por casualidad. Cada ser humano es un ente genético distinto, y el feto tiene genes heredados de los progenitores, pero también otros que ha producido por sí mismo, y en esa producción de genes nuevos la mayoría conducen a una mejoría de la raza, pero algunas veces hay genes que se equivocan y provocan grades problemas. De todas formas, hay que entender que la formación del corazón tiene mucha trascendencia, porque hasta que el corazón no se forma el cerebro no se forma, lo que significa que el cerebro para desarrollarse necesita un corazón normal, y si el corazón es anómalo siempre existe una susceptibilidad neurológica. No es que el cerebro se desarrollo mal porque el corazón esté mal formado, ya que existen mecanismos para intentar compensar este tipo de problemas, pero no deja de ser un punto de fragilidad. Cuando diagnosticamos la cardiopatía antes de nacer, que es lo suyo, intentamos minimizar al máximo esta fragilidad, y preparar el parto, ver en qué condiciones se tiene que hacer para que sea en un centro donde haya suficientes medios…, algo así como hacer la hoja de ruta para esa paciente en concreto, para que esa fragilidad incida lo menos posible.

Y si se detecta el problema durante el embarazo, ¿se realiza algún tipo de intervención antes del nacimiento del bebé?

No, eso es excepcional. Falta todavía mucho camino por recorrer, y no podemos operar antes de nacer. Cuando se diagnostica una cardiopatía congénita en la semana 20, o incluso antes, ya es muy tarde, porque el corazón está formado desde la semana 7 de embarazo y cuando vemos el problema desgraciadamente es demasiado tarde. Además, durante la gestación no podemos actuar como se hace después de nacer, porque existen unan serie de condicionantes que dificultan muchísimo la intervención. Hay más de 140 cardiopatías congénitas distintas, y hay un par de ellas en las que se interviene intrauterino aunque, repito, de forma excepcional, en las que podemos intentar actuar buscando, no la curación, pero sí que esos fetos sean más viables, o que tengan después una mejor calidad de vida, entendiendo como calidad de vida que tengan la posibilidad de tener un corazón con cuatro cavidades, que es lo fundamental. 
Cuando tenemos que operar lo que hacemos es pinchar con agujas a través del abdomen materno y del tórax del feto, pero sin abrir, y para ella adaptamos el material que utilizamos en otras etapas de la vida.

En el caso de que no se diagnostique durante el embarazo ni en el bebé recién nacido, ¿qué síntomas pueden hacer sospechar a los padres de que su hijo pudiera tener una enfermedad de este tipo?

Se ha comprobado que aquellos niños a los que se les diagnostica en la etapa fetal vayan a tener más supervivencia que aquellos, a los que se les detecta tras el nacimiento, pero lo que sí cambia es la morbilidad, el pronóstico, la calidad de vida, porque actualmente cuando abordamos las cardiopatías el 95% de los pacientes, a groso modo, van a llegar a la edad adulta.


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