SÍNDROME DEL EMPERADOR
Aunque
no existe ningún cuadro clínico con esa denominación, se usa para referirse a
los niños que presentan determinadas características como insensibilidad emocional,
poca responsabilidad ante el castigo, dificultades para desarrollar
sentimientos de culpa y ausencia de apego hacia los progenitores y otros
adultos.
En
general, se tiende a culpar en primer lugar a los padres de este tipo de
conductas por ser demasiado permisivos y protectores con sus hijos; aunque
también influye el ambiente porque los niños de hoy en día viven en la sociedad
consumista, individualista y que prima el éxito fácil y rápido por encima de
todo. Además puede existir una predisposición genética de carácter que
explicaría por qué dentro de la misma familia, y en las mismas condiciones,
solo se ve afectado un miembro.
No
existe un patrón. Unas veces es el hermano pequeño, otras el mayor, otras hijo único
adoptado, otra hijos de padres mayores… Eso sí parece que se da más entre
clases altas y medias y entre niños que niñas, aunque las niñas están ganando
terreno.
Hasta
el año, todos los bebes son pequeños déspotas; los demás solo existen para
satisfacer sus necesidades. A partir de ahí, va aprendiendo estrategias para
salirse con la suya, un asalto al poder progresivo e implacable si no encuentra
ninguna resistencia. Como las famosas y temidas rabietas, por ejemplo, una
manifestación de descontento normal, pero que hay que saber atajar.
Hacia
los cuatro años, lo habitual es que el niño ya sea capaz de verbalizar su rabia
y a los cinco de controlarse más o menos. No es el caso de los niños tiranos,
que intenta imponer de manera sistemática su voluntad, son agresivos, sufren
constantes rabietas en lugares públicos y convierten el día a día de toda la
familia en un calvario.
Los padres acaban por rendirse con tal de lograr una
paz precaria y evitan conflictos, ya no se atreven a pedir nada a su hijo. El
niño mimado pasa a ser el rey de la casa, de ahí a niño tirano y por último si
la agresividad persiste, se transforman en adolescentes descontrolados y
maltratadores de sus padres.
Los padres acaban por rendirse con tal de lograr una
paz precaria y evitan conflictos, ya no se atreven a pedir nada a su hijo. El
niño mimado pasa a ser el rey de la casa, de ahí a niño tirano y por último si
la agresividad persiste, se transforman en adolescentes descontrolados y
maltratadores de sus padres.
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